La comunión con Dios se considera comunmente como un acto espiritual en el que ingerimos comida y/o bebemos vino para conectarnos con Dios. Muchas personas se siente muy inspirada por esta ceremonia religiosa. Esto se origina por que la comunión es un acto que une al hombre y a Dios, y el subproducto natural de esta actividad social es la alegría. El efecto de la alegría provoca que la comunión sea muy importante e considerable. El diccionario colegiado de Merriam-Webster define la “comunión” como un momento de comunicar. Hay otras expresiones con la raíz “com” que se relacionan con comunicar. La “comunicación” es el comunicar o comunicar expresiones, hábitos o signos. “Comunidad” es el comunicar de geografía, familia, propósito o ideas. Inclusive la palabra “común” es el hecho de comunicar propiedades semejantes con otros.comunicar nos facilita unirnos entre nosotros y con Dios. La gente que establen contacto son por lo general más contentos que las que no lo hacen. La gente que viven en red social con otros son por lo general más contentos que la gente que viven solas. La gente que se perciben a sí mismas como unidas por propiedades recurrentes son comunmente más contentos que la gente que se perciben a sí mismas como diferentes y recluidas por sus diferencias. El misterio de la alegría radica en la comunión o la unión. En tanto que la causa de todo padecimiento es la división o la incapacidad de comunicar y conectarse con los otros. Entre otras cosas, el confinamiento solitario se considera una manera grave de castigo. Más allá de que la costumbre religiosa de la comunión es muy hermosa y edificante, la capacidad de sumarse y conectarse con Dios no es única de esta ceremonia. De hecho, poseemos la capacidad de conectarnos con Dios en cada instante si de esta forma lo decidimos. Entonces, los espacios sagrados, santuarios o iglesias no son necesarios para la comunión con Dios. No se necesitan comidas o bebidas particulares. Y todavía más, los representantes oficiales de Dios no son necesarios para intervenir por nosotros ni para gestionar la comunión. Dios no pone parámetros a su amor. Prolonga el cariño a todos. Se une a todos. Todas estas convenciones que cubren la comunión son reglas del hombre, no de Dios. La capacidad de sumarse a Dios en la Sagrada Comunión necesita intención y capacidad. Cuando eliges comunicar, unirte y comunicarte con Dios en cada instante, estás iluminado o en el cielo. La mayor parte de nosotros aún no llegamos al punto en nuestro viaje de consciencia donde nos encontramos dispuestos a prestar plena atención a Dios. Más cosas mundanas siguen llamando nuestra atención. No obstante, al menos tenemos la posibilidad de empezar el trabajo de desarrollar una capacidad elemental que nos permita estar comunicados con Dios, y esa capacidad es sencillamente un estado pacífico de la cabeza. Un estado pacífico de la cabeza desbloquea el ego, lo que nos impide escuchar la Voz de Dios. ¿Estás dispuesto a pasar un minuto al día en calma y paz? ¿Dos minutos? ¿Tres? Es imposible desarrollar una exclusiva capacidad a menos que la practiques, y esto es lo que se requiere. La comunión con Dios es similar a la comunión con los humanos. Supone ofrecer y recibir, comunicar e canjear pensamientos.como sabéis por vuestra propia vida diaria, no quieres establecer conversación con otro, no pasa nada, no hay diálogo. No hay trueque. Y si alguien quiere comentar contigo pero no deseas escuchar, tampoco pasa nada. Para estar en comunión con Dios, debemos estar dispuestos y libres a ofrecer y recibir. Esto necesita la capacidad de comentar con Dios y la capacidad de escucharlo.comentar con Dios tiene relación comunmente a rezar. La mayor parte de nosotros somos más hábiles en comentar con Dios que en escucharlo a Él. No obstante, escuchar, o estar abierto a mantenerse informado, es una sección muy grande e considerable del desarrollo de comunión. Mi querida tía Rose, que fué al otro mundo, fue una enorme conversadora. Ella sencillamente no “entendía” el punto de que la conversación era una mezcla de comentar y escuchar. Todo lo que logró fue comentar, comentar, comentar, comentar. Tener una conversación con ella era como poner un centavo en una máquina de comentar y dejarlo ir. Mi exclusivo trabajo sería decir “uh-huh” cada pocos minutos y dejarla divagar. La comunicación real se encontraba denegada porque

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