La cita “ojo de la tormenta” está personificada con paz y consuelo. Fuera de este Relajado hay confusión y turbulencia. No hay seguridad en el perímetro exterior. Los vientos son desenfrenados y furiosos. La devastación está en su sendero. En el Mar Atlántico, las tormentas con vientos superiores a 75 mph se los conoce como ciclón. Las tormentas en el Mar Pacífico que llegan al interior de los USA se los conoce como Ciclón. ámbas son perturbaciones atmosféricas, con vientos que circulan en sentido opuesto a las agujas del reloj llamados huracanes y los vientos que circulan en sentido horario llamados ciclones. Cuando estas tormentas se mueven sobre la tierra o sobre los mares, todas las superficies fuera del “ojo” corren riesgo. Traen lluvias torrenciales e crecidas de agua, pero el interior de la tormenta permanece sereno. En términos meteorológicos, el ojo está cubierto por la pared ocular, que es un anillo de tormentas eléctricas impresionantes donde sucede el tiempo más severo. En tormentas muy fuertes el ojo se destaca por vientos rápidos y cielos despejados, cubierto por todos los lugares por una pared ocular simétrica. Se ve que cuanto más fuertes son las tormentas, más calmado es el ojo. El Sol se experimenta a lo largo de el ojo de la tormenta. Salmos 107:29 dice:”Hace que la tempestad sea tranquilidad, de forma que las olas se calmen”. El’ Sol’ al que me refiero es a Jesús. Sólo él puede personificar el “ojo” de la tormenta por nosotros. Me recuerda a una enorme tormenta que surgió cuando Jesús y los discípulos estaban dentro de un barco. La Biblia dice que “las olas zarandeaban en el barco, tal es así que en este momento se encontraba lleno”; Marcos 4:37. Los seguidores de Jesús se asustaron bastante por sus vidas. Buscaban a Jesús y él se encontraba en la parte más complicado del barco, durmiendo. ¿Es comprensible imaginar que las tormentas y las olas habrían vencido el barco y se hubieran hundido con Jesús dentro? No lo creo, esa es sólo mi punto de vista. En el 40 versículo de ese mismo capítulo, Jesús hizo la pregunta por qué poseían tanto miedo. Inclusive cuestionó la carencia de fe que poseían. El Hijo se encontraba dentro. No se percataron en ese instante, y también se preguntaron entre ellos qué clase de hombre es éste. Estaban pacificamente y seguridad y no lo sabían hasta que el Maestro se lo hizo público. Los vientos soplaron, las olas se estremecieron y destrozaron el barco. No obstante, la paz se encontraba dentro. La agrado se encontraba viva y bien. La compostura se personificaba mientras tuvieran al Maestro dentro. Esos de nosotros que somos creyentes poseemos a Jesús dentro. La seguridad que él trae, la seguridad que él garantiza y la seguridad manifestada es todo lo que requerimos para atravesar las tormentas de la vida. Va a existir tormentas en nuestras vidas. El cliché dice, como improviso, que “comprender a Jesús” es tener esa placidez. Tenemos la posibilidad de ser impúdicos cuando el caos nos circunda. Inclusive cuando los demonios de los sabuesos están ladrando y mordiendo nuestro semblante. Por medio de los dolores del corazón tenemos la posibilidad de ser consolados. El Hijo nos va a proporcionar seguridad inclusive en la mitad de las turbulencias de la vida. No nos encontramos solos en las luchas de la vida. Las tormentas están llegando, y ya están aquí. ¿Hay alguna contrariedad? ¿Hay alguno con obstáculos en su sendero? ¿Los fuertes y violentos vientos de la vida están próximo de arrastrarte? La otra sección del cliché es que “no Jesús” es no tener promesa, no tener consuelo. Entonces somos sacudidos con cada viento y doctrina que dice la Biblia. Más bien deseamos ser firmes e inamovibles y siempre abundantes en la Palabra de Dios. Tenemos la posibilidad de ser como ese árbol que es plantado con los ríos de agua y no vamos a ser removidos. Las tormentas tienen la posibilidad de ir y venir, pero poseemos al Hijo que nos planta en el “ojo” de nuestras tormentas. Jesús es el “ojo de la tormenta”.como nuestro ojo no hace ninguna distingue la fuerza de la tormenta. Cuanto más fuerte es la tormenta, más paz nos ofrece. Tormentas en el sentido de las agujas del reloj que vienen de la izquierda: Jesús es nuestra promesa. Hebreos 6:19a&b dice:”Que promesa poseemos como ancla del alma, segura y estable”. La iniciativa de estar anclado en el ojo de la tormenta es provocadora. Tormentas en sentido opuesto a las manecillas del reloj que vienen de la derecha; Nahum 1:3b dice “Jehová tiene su sendero en el torbellino y en la tierra de los cielos, y en el cielo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Post Navigation