Cuando yo se encontraba creciendo nuestro programa de acampar en la iglesia integraba chances para todas las edades, desde jovenes de principal hasta mayores, para gozar del aire libre. Casas que van desde tipis hasta cabañas de madera con literas construidas en literas que bordean las paredes como aparadores en un comercio Los baños jamás estaban en el final del pasillo, pero al otro lado del sendero, pasando por los árboles cerca del lago. Vivencias más simples y duras además estaban accesibles, aventuras que ofrecían piragüismo cerca de Minnesota con un paquete en la espalda y una canción en el corazón. Jamás le pregunté a la multitud que logró ese viaje dónde estaban los baños. Y aunque participé en el campamento de alumnos de último año en cabaña, jamás fuí más que reticente a alejarme de la plomería interior, una cama práctica y una cocina totalmente servible para vivir en una tienda de operación entre las sorpresas que la naturaleza da. El enorme aire libre no es para todos. Pero el período del año eclesiástico nos trajo otra vez al Miércoles de Ceniza y al tiempo de Cuaresma, y lo que la Cuaresma nos da es la fácil situación de que mientras algunos de nosotros tenemos la posibilidad de seleccionar no acampar, ninguno de nosotros puede evadir el desierto. No Jesús. Es atrayente para mí que, de acuerdo con los escritores evangélicos, los 40 días de Jesús en el desierto siendo tentado, vienen antes del comienzo de su ministerio público. El relato de Lucas nos habla del bautismo de Jesús, después nos ofrece sus credenciales ancestrales, un currículum en la aplicación para su trabajo venidero, y después muestra la entrevista de trabajo de Jesús a manos del mismo diablo. Pero Jesús pasa precisamente por todos los aros colocados en su sendero con felicidad, y se traslada a Nazaret, su localidad natal, para volver a la sinagoga de su niñez y leer las expresiones del profeta Isaías a su pueblo. “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar la buena novedosa a los pobres. Me ha enviado a proclamar la liberación de los cautivos y la visión a los ciegos, a dejar libres a los oprimidos, a proclamar el año satisfactorio del Señor (Lucas 4,18-19).”. Tal y como deben recordar, la multitud de la región natal no abrazó a Jesús en su regreso a casa, y de hecho lo echó de la región en un intento de tirarlo por un acantilado. Eso es lo que podría denominarse reabastecimiento instantánea y buena elaboración para lo que iba a ocurrir en Jerusalén dentro de unos años. Considere lo que Lucas nos está contando sobre la vivencia del desierto de Jesús. Jesús fué bautizado de una forma muy pública por su primo Juan. Jesús reclamó su conexión con su fe judía en este acto de bautismo antes de partir a buscar entendimiento y más guía de Dios en la intimidad del desierto. Terminó que Jesús no se encontraba solo oponiéndose a las tentaciones de equilibrar su espiritualidad con su humanidad. Él fue apoyado por el legado de sus ancestros, esos frente él que además habían luchado en su desierto, varios más que las seis semanas de la entrevista de empleo de Jesús. Su fe fue probada y desafiada, pero jamás vaciló. Caminando de regreso a Nazaret, Jesús en este momento se encontraba equipado para llevar a cabo la obra que poseía enfrente de él, más allá de la recepción que le ofrecían luego de la adoración ese día. Lo que Lucas nos comunica es que Jesús conoció y admitió el cariño de Dios por él y su pueblo antes de ingresar al desierto. Jesús además sabía qué trabajo se encontraba pidiendo cuando se puso en marcha para la entrevista. Jesús puso todo lo que poseía para responder a las cuestiones que se le lanzaron y las respuestas lo pusieron en el sendero de Nazaret. Tres años luego lo llevarían al Jardín de Getsemaní. Lo que Lucas nos comenta en estos primeros capítulos de su Evangelio no es una vivencia del desierto que impresionó a Jesús. Jesús escogió dirigirse al desierto de manera específica para prepararse para los tres años de trabajo que poseía por enfrente. En tanto que varios de nosotros pensamos que los tiempos salvajes de nuestras vidas vienen sobre nosotros sin saberlo, no todos nacen de la confusión y la desesperación. Algunas vivencias salvajes, instantes además para rezar, reflexionar y pelear con la estabilidad de nuestra espiritualidad y nuestra humanidad, son elecciones conscientes para elaborar el sendero de la vida.

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