Los puristas de lo religioso nos dirían que habría que examinar las motivaciones que animaban a las que el mensaje del Evangelio es precisamente el contrario. Todos los que sufren, por el simple hecho de su dolor, tienen derecho a acercarse a Jesús. Aunque no sepan teología. Aunque confundan a Jesús con un curandero. Aunque busquen apenas consuelo para sus dolores. ¿No tienen ya bastante con sus penas? Jesús era la presencia y el rostro del amor de Dios para sus hijos. Su gozo era precisamente el hacer presente ese rostro a todos los que sufrían.

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