El Evangelio de hoy nos (rae una historia maravillosa. Corremos el peligro de quedarnos en los detalles accesorios y dejarnos lo fundamental. Jesús caminando sobre las aguas, el viento en contra que sopla con furia, los discípulos llenos de miedo… Pero hay un punto central en la narración. Son las palabras de Jesús: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”. Unas palabras que nos debemos repetir a nosotros mismos una y otra vez. No hay que olvidarlas. Son como una jaculatoria, una breve oración, pero al revés. Nos las dirige Jesús a nosotros. Constantemente. Siempre. Para que nada nos acobarde.

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