Todo el planeta se está centrando en el “Estado de la Unión” o “Estado del Mundo”, debo decir. Las crisis económicas en los USA han tomado todos los ojos y el planeta entero mira al presidente Barack Obama, intentando encontrar todo el tiempo un cambio positivo. En mi último artículo, te aconsejé que cambiaras tu enfoque y miraras a tu constructor, en vez de ver al planeta girar en su vertiginoso y enfermizo período. En este momento, quiero reiterar ese consejo con una mirada a The Christmas Story. (Pero, es Pascua, ¿no? La Pascua me transporta a estudiar la narración de Navidad, en tanto que la Navidad me recuerda a la cruz. No intentaré explicarte eso en esta carta, pero puedes leer este artículo, si estás entusiasmado en entender más. Visualicemos al Pequeño Jesús a lo largo de unos minutos. Tú sabes que Él surgió en un establo y fue colocado en un pesebre, envuelto en pañales; un inicio muy humilde. Te percatas de que María y José estaban en el nivel más reducido de una casta popular dura como una roca que no debía romperse. Viendo hacia atrás en el ámbito del nacimiento de Jesús desde una visión histórica, usted va a ver que la circunstancia económica fue posiblemente muy semejante a eso que observamos ahora; sobre impuestos y corrupción política, ¿verdad? Con eso en cabeza, además debe saber que la mayor parte de la multitud que miraba a esta familia de medios obvios pocos, jamás habría visto una familia real. Habrían visto cómo la pobreza daba a luz a un pequeño pobre más, con escasas esperanzas de un futuro exitoso. ¿Te diste cuenta? Esta es una perspectiva que otorga muy poca promesa. No obstante, había quienes de alguna forma lograron ver a este pobre nene jovencito, nativo de una sociedad despiadado y dura, y ver a un rey. Miraron una circunstancia aparentemente desesperada y vieron promesa. Aquí hay un caso de muestra. Se encontraba leyendo en Lucas, capítulo 2, la otra noche y quedé fascinado por la capacidad de un hombre para ver la promesa. María y José habían llevado a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor. Hallaron en el templo a un hombre llamado Simeón, que fué prometido por el Espíritu Santo que no moriría antes de haber visto al Cristo del Señor. (vs. 25-29)”Movido por el Espíritu, él (Simeón) fue a los atrios del templo. Cuando los padres trajeron al pequeño Jesús (recuerden al pobre niño) para llevar a cabo por él lo que la práctica de la ley requería, Simeón lo tomó en brazos y alabó a Dios, diciendo:” Señor soberano, como has prometido, en este momento despides a tu siervo pacificamente “”. En este momento, ¿por qué Simeón vio al Cristo del Señor cuando otros no vieron nada particular? ¿Por qué alabó a Dios por una cosa tan chiquita y exigua? ¿Cómo descubrió la paz al notar a un pequeño pobre y reducido sin promesa? Se encontraba viendo desde una visión diferente. Él se encontraba visualizando por medio de los ojos del Espíritu Santo. Él escogió no creer lo que sus ojos de carne veían, y creyó lo que el espíritu dentro de él veía en su lugar, visualizando de esta forma un futuro brillante y esperanzador para toda la raza humana. ¿Podemos llevar a cabo lo mismo? ¿Podemos mirarnos en el espejo, en la mitad de la falta de nuestras carreras y de nuestra seguridad financiera y, sin importar en qué se convierta nuestro estatus popular, ver por el momento a un poderoso hijo de Dios, visualizando un futuro brillante y satisfactorio, en lugar de a alguien con poca o ninguna promesa? ¿Aún podemos consultar al Cristo del Señor? Aunque sé que esto es muy complicado en lo personal, pienso que debemos llevarlo a cabo. Debemos VER una exclusiva perspectiva por medio de los ojos del Espíritu Santo. Hay paz en ella para nosotros. Visualiza esto. Porque todos nosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. (Gálatas 3:26) Biografía de la autora: Denise Mistich redacta de su corazón como una salvada por la felicidad de Dios y levantada de la depresión y la angustia mental. Su sector de especialización es la sanación bíblica y espiritual.

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