Ya estamos casi a punto de terminar este tiempo mágico que es la Navidad. Y el Evangelio nos sigue repitiendo, insistente, el mismo mensaje. No vaya a ser que entre villancicos, turrones y belenes se nos termine olvidando que Navidad es algo muy serio.

Que la Palabra se ha hecho carne. Que ‘vino a su casa y los suyos no la recibieron”.

Pero “a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios”. Hay que parar por un momento con la fiesta y el bullicio, con el alboroto y los cantos, para ver si nos hemos dado cuenta de lo que celebramos. Si estamos entre los que “no la recibieron” o entre los que “la recibieron”.

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