Durante su historia, Thomas Merton mostró una especial reverencia por los ermitaños y por esos que eligieron vivir una vida de eremitismos. Para Merton, fue la llamada de la ermita lo que condujo al estado contemplativo último que permitió a un fiel ingresar en una relación mística con Dios. Esta reverencia por los ermitaños se puede observar quizás más precisamente en su obra de 1960 “La Inteligencia del Desierto”, donde Merton señala algunas de sus historias y estos preferidos de los ermitaños del desierto cristianos primitivos. Más allá de que la obra en sí puede verse como una narrativa amena e informativa, el prefacio que la precede está escrito de tal forma que trabaja como una primer parte clara y concisa para esos apasionados en estudiar sobre el estilo de vida del eremitismo. Tomás Merton empieza su prefacio indagando en por qué estos primeros padres cristianos buscaron la soledad en el desierto. Según Merton, estos primeros cristianos se fueron al desierto para lograr la salvación. Al ir al desierto, redacta el contemplativo, estos hombres buscaron huír de lo que pensaban que eran las características paganas propios de la vida urbana. Además es visible, redacta el místico, que estos hombres deseaban separarse de la presencia aparentemente cristiana que había envuelto al planeta. A los ojos de los padres del desierto, no podía haber determinada cosa como un estado católico, debido a que ellos creían que el cristianismo y la política jamás podrían mezclarse. Para estos hombres, la vida de un verdadero católico fue una vida que resaltaba la espiritualidad y la naturaleza numinosa de la presencia. Entonces, era primordial retirarse al desierto para que estos hombres tengan la posibilidad de continuar una verídica relación mística con Dios. Según Tomás Merton, estos primeros padres cristianos, de la misma manera que los cristianos contemplativos que les sucederían, no poseían ningún interés en conformarse a la compulsión popular de todo el mundo. Merton es cuidadoso al enfatizar que la individualidad mostrada por estos hombres no se se ve en nada a los rebeldes modernos que practican una falsa individualidad. Más bien, los padres creían que este estilo de vida contemplativa era bastante para ingresar en una relación mística con Dios. Esto permitió que estos primeros ermitaños, redacta Tomás Merton, se conformaran de forma exclusiva a la intención de Dios, en algún forma que fuera. Al separarse de todo el mundo generalmente, inclusive de un mundo aparentemente católico, estos hombres eran libres para ocuparse completamente a Dios, sin vacilación ni distinción. Es el responsable del Ermitaño, enseña Thomas Merton, de desengancharse de las dispesiones de todo el mundo moderno para conocer una situación además de la de todo el mundo popular, donde se podría poder una relación mística con Dios. El Dios descubierto por los padres del desierto en su estado contemplativo, redacta Merton, no es el Dios popularizado que se encuentra en la sociedad, sino el verdadero Señor que no puede ser encontrado por la adhesión a la convención. Entonces, redacta Tomás Merton, es natural que uno que deseaba lograr una mejor relación y comprensión del Señor se sintiera atraído a una vida de soledad. Es en esta soledad que estos primeros padres del desierto fortalecieron su deber con el Señor. Merton sigue en pié comentando de su carácter, escribiendo que este estilo de vida no se hablaba entre los hombres. A este respecto, redacta el místico, estos primeros padres cristianos poseían bastante parecido con los monjes budistas contemplativos de China y Japón. Al llenar su prefacio, Thomas Merton habla de lo que él considera el aspecto de mayor relevencia de la vida espiritual: el cariño. De hecho, prosigue Merton, se podría decir que la vida espiritual es el cariño mismo. No el tipo de amor que uno experimenta como un sentimiento, sino un amor que elimina el ego al servicio de los otros. Es así que estos padres del desierto lograron verdaderamente una unión mística con Dios. Esta clase de amor se ve ser escencial para Merton; no obstante, él se detiene en decir que uno debería aventurarse en el desierto para conseguirlo, como lo hicieron estos padres. Más bien, Merton

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